Cuando vi los anuncios de esta película pensé rápidamente que me iba a encantar. Antes de empezar a verla ya había asumido que se iba a convertir en una de mis películas favoritas. Lamentablemente, no fue así.
Es difícil decir qué exactamente fue lo que no me gustó. Las escenas de los sueños son preciosas, son un festín visual. Los personajes también me encantaron; no había ningún punto débil en cuanto a eso. Las actuaciones fueron excelentes, especialmente la de Gael García Bernal, quien me partió el corazón. Sin embargo, al final no sentí ese sentimiento de haber visto algo realmente bueno. No me satisfizo emocionalmente. Le faltó algo en ese aspecto.
Creo que el fallo cae en que la fantasía está mucho más presente que la realidad a través de toda la película. Para mí eso hubiera estado bien si al menos la película hubiese terminado en el mundo real, en vez de el soñado. Me quedé esperando por una dosis de realidad y nunca llegó. Esperaba que al final Stephane pisara tierra, aunque fuera por un momento, pero no sucedió. Además, nos quedamos con la duda de qué realmente pasó con Stephanie.
Me imagino que muchas personas habrán apreciado el final. Y en parte entiendo. Stephane nunca va a bajar de la nube; se quedará en ese mundo que es mejor y más feliz que el real.
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